21 may. 2013

A 25 AÑOS DE LA GLORIA "MANDIYÚ CAMPEÓN"


La historia del viejo y querido equipo correntino, primero de esa provincia que supo llegar a la elite desde el Nacional B. Y lo hizo de la mano de un técnico cuyo nombre es sinónimo del ascenso: el inolvidable Juan Manuel Guerra.

El Club Deportivo Mandiyú fue fundado en 1952 por iniciativa de empleados de la firma textil “Tipoití”. En realidad, ese era el nombre con el que los muchachos querían inscribirse en la liga correntina, pero como no podían usar nombres de firmas comerciales, eligieron la palabra que en guaraní significa “algodón”. Ganador del certamen de la liga provincial en varias ocasiones, a mediados de 1986 y luego de vencer a Boca Unidos -máxima referencia futbolística de la provincia en estos tiempos-, se transformó en uno de los catorce equipos del interior que dieron forma (junto a algunos clubes de la vieja Primera “B” más los descendidos Huracán y Chacarita) a la primera edición del Nacional B, categoría que desde entonces es la máxima del ascenso argentino.

En la primera participación -con nombres conocidos para el futbolero medio en su plantel como los de Ricardo Zielinski y los uruguayos Luis Ernesto Sosa, Víctor Púa, Jorge Fossati y Julio Ribas- la cosa anduvo bastante bien para los mesopotámicos, ya que en un torneo con equipos muy grossos para el fútbol de los sábados como Huracán, Belgrano, Colón, Banfield, Chacarita y Lanús, alcanzó un dignísimo séptimo puesto (entre 22 participantes) y accedió al reducido, en donde fue eliminado por un “Globo” de Parque Patricios que a la larga vería frustrado el sueño de un rápido retorno a la “A”. Luego de una experiencia debut tan satisfactoria, su gente se ilusionaba con una buena campaña en la 1987/88, aunque tal vez ni el más fanático de sus hinchas imaginaba que Mandiyú sería el primer equipo correntino en jugar en Primera División desde la desaparición de los viejos “Nacionales”.

Hay que recordar que del plantel estaría a cargo Don Juan Manuel Guerra, viejo zorro del fútbol del ascenso que ya contaba en su palmarés con más de un éxito: por caso, había sido el encargado de llevar a Platense a la “A” en 1976 y ya en la década siguiente, había tenido la misma satisfacción con Chacarita, al que devolvió al círculo superior ganando el segundo ascenso de la “B” en 1983.

El querido “Viejo” tenía a su cargo a un grupo nutrido de extranjeros que, con el paso del tiempo, se harían conocidos para el gran público. Para tirar un nombre, basta decir que en la defensa correntina estaba Pedro Daniel Barrios, el central uruguayo que posteriormente tuvo larga y destacada trayectoria en Huracán. Pero además, había otro extranjero que los futboleros sí conocían y muy bien: Adolfino Cañete, aquel elegante mediocampista paraguayo que fuera clave en los títulos del Ferro de Carlos Griguol en 1982 y 1984.

Asimismo, el presidente Eduardo Seferián (hombre de la industria textil, fundador del club junto a Miguel Popescu y hombre realmente clave en su historia) fue a buscar en Campana a un joven volante que prometía mucho, y que jugaba en la B Metro con la camiseta de Villa Dálmine. ¿Su nombre? José Horacio Basualdo.

Otros elementos nacidos fronteras afuera eran Daniel Martínez Tapí, Aníbal Marrero, Domingo “Bomba” Cáceres, Sergio Oddine, Elio Rodríguez, Luis Ramos y Daniel “Coquito” Rodríguez Lima, todos llegados desde el Uruguay. ¿Jugadores locales? Estaban Oscar Urbina, Raúl Correa, Walter Altamirano y un juvenil que tendría gran protagonismo en futuras campañas en la elite, Pablo Sixto Suárez.

Al igual que Basualdo, había otros muchachos que no pertenecían al grupo de los extranjeros o a los nativos de la provincia, eran ellos Roberto Medrán, Oscar Manis (ambos arqueros del plantel), Horacio Attadia, Pablo Quiroga, Alejandro Cánova y Daniel Severiano Pavón, este último, veterano delantero que había jugado en el Boca campeón de todo en la década del ´70 y que fue a robar un poquito quemar en Corrientes sus últimos cartuchos.



Es dable señalar que de este listado de jugadores, los únicos que llegaron para la 87/88 fueron Basualdo, Daniel Rodríguez, Attadía, Barrios y el gran “Fino” Cañete.



La excelente campaña de Mandiyú empezó con un traspié, vaya paradoja. Jugando en su tierra cayó 1-0 ante Tigre, la tarde del 2 de agosto de 1987, en que la desazón se apoderó de los hinchas presentes en la cancha del Huracán correntino, lugar en el que siempre hizo de local el CDM mientras jugó en torneos de la AFA. Sería la primera de las (apenas) cuatro derrotas que el elenco de Guerra soportaría a lo largo de 42 interminables fechas.



Gracias a un tanto de Martínez Tapi -lateral izquierdo-, en el siguiente fin de semana empató 1 a 1 en Tucumán ante un Atlético que recién debutaba en una categoría en la que jugaría ininterrumpidamente durante década y media, ganando por primera vez en la tercera jornada: fue 2-0 a Gimnasia y Esgrima (Jujuy), con goles de Quiroga y Oddine jugando como local. Dos triunfos por 1 a 0 (ante Los Andes en Lomas de Zamora y contra Colón en Corrientes) antecedieron a una nueva caída, esta vez por 3 a 2 en Isidro Casanova frente a Almirante Brown, conjunto que venía de la naciente B Metropolitana pero que era un histórico de la segunda división.



Retomó la senda triunfal el “Albo” a continuación, y de nuevo con sendos 1-0. Ahora, sus víctimas fueron Douglas Haig como local y Huracán, en el mismísimo “Tomás A. Duco”, en lo que constituyó una pequeña venganza por lo de la liguilla 86/87. Goles uruguayos fueron claves para lograr esos 4 puntos: primero Daniel Rodríguez y luego Sergio Oddine, quien terminaría como máximo goleador de la campaña con 18 tantos, seguido de un “Coquito” Rodríguez que logró anotar 13 veces.



A esa altura llamaba la atención -negativamente- la campaña de Colón: el “Sabalero”, siempre candidato a pelear arriba, apenas había logrado 3 puntos de 16 posibles, aunque luego comenzaría a remontar y terminaría metiéndose en el reducido.



1-1 fue el score del clásico regional ante Chaco For Ever y 0-0 fue el resultado en la visita a Defensa y Justicia, empates que precedieron a un buen 2-0 como local ante Ferro (Gral. Pico). Si bien el siguiente partido de visitante volvió a terminar igualado sin goles (contra Chacarita), a esa altura estaba claro que hacerle un gol a los correntinos era una tarea por demás complicada… algo que se ratificó en el rotundo 3-0 ante Central Córdoba (Santiago) y el valioso 1-0 logrado en tierra mendocina ante Deportivo Maipú.



Con solamente 5 goles recibidos en 14 fechas disputadas (justo un tercio del torneo), Mandiyú hacía gala de una defensa envidiable. Temperley pudo romperle el arco en la 15º pero no sirvió de mucho, ya que su visita a la capital de la provincia de los esteros terminó en derrota por 3 a 1. A los pocos días, un grande de tierra adentro como Belgrano superó en Córdoba (2-0) al equipo del “Viejo”, que acusó el golpe al sumar dos empates al hilo luego de esa derrota: 0-0 frente a Dep. Italiano en casa y 1-1 en Misiones ante Guaraní Antonio Franco, en otro gran duelo regional.



Ingresando en el tramo final de la primera rueda llegó una nueva victoria, ahora 1-0 ante Lanús, gracias a un nuevo gol de Oddine. Jugando nuevamente de local empató 1-1 ante el encumbrado Quilmes y por último, la visita a Río Negro deparó el mismo resultado frente al sorprendente líder Cipolletti.



Al cabo de la primera mitad del certamen, los correntinos habían ganado 10 partidos, empatado 8 y perdido los 3 restantes. Sin embargo, ese buen récord no alcanzaba para ir en punta, ya que el representante rionegrino era la sensación del campeonato y mandaba, aunque con muy poca ventaja. Jugadas 21 jornadas, las principales posiciones eran estas: Cipolletti 29, Mandiyú 28, Belgrano 27, Quilmes 26, Chacarita 24, Huracán y Douglas Haig 22.



¿Cuál fue el equipo base? Manis en el arco (aunque en 15 de los 42 partidos atajó Medrán), con Urbina, Barrios, Cáceres y Martínez Tapi en la línea de fondo. En el medio jugaban habitualmente Basualdo, Attadia y el talentoso Cañete -en el puesto restante alternaron Marrero y el también oriental Elio Rodríguez-, mientras que en la delantera las plazas titulares eran habitualmente para Oddine y Daniel Rodríguez.



Asimismo, otros muchachos con bastante participación en la campaña fueron Cánova, Ramos (ambos con 22 partidos jugados), Altamirano (21), Quiroga (16) y Correa (12).



El conjunto de Guerra arrancó la segunda rueda en Victoria, tomándose revancha del CAT: le ganó 1-0, con gol de… sí, Oddine nuevamente; aunque seguía como escolta de la “Juve del Alto Valle” (?), que en esa fecha batió al entonado aunque siempre fresco QAC. Acto seguido, Mandiyú juntó dos empates sin goles, ante el “Decano” tucumano en casa y en la capital de Jujuy ante el “Lobo”. Esa preocupante igualdad ante Gimnasia y Esgrima (equipo que terminó último, descendiendo gracias a sacar pobrísimos 14 de 84 puntos posibles), sin embargo precedió a uno de los mejores momentos del Deportivo en la temporada… en gran parte, gracias a la ayuda de Cipo. Es que mientras los de la mesopotamia sumaban dos empates, los patagónicos acumularon dos derrotas, algo que el “Albo” aprovechó para tomar la punta, la cual ya no soltaría hasta alcanzar la gloria.



Embalados por ser líderes, los correntinos metieron una racha diabólica (?): batieron en casa 3-2 al CALA, le ganaron al “Sabalero” en Santa Fe (3 a 1), derrotaron 2-0 a la “Fragata” y por último, vencieron 2-0 a Douglas Haig en Pergamino. Los rionegrinos sacaron 5 de esos 8 puntos, por lo que ahora la distancia se había ampliado a 4 unidades entre ambos -el “Cervecero” también era escolta-, al cabo de 28 fechas disputadas sobre un total de 42.



Pese a que era el más grande en la divisional, a muchos sorprendió que Huracán le ganara 2 a 0 como visitante al puntero, un caluroso 27 de febrero de 1988… aunque para fortuna del derrotado sus escoltas empataron. Había que ver como repercutía en el grupo el sopapo dado por el “Globo”, ya que se había cortado una racha de 12 cotejos sin derrotas, sin perjuicio de que el próximo rival sería nada menos que Chaco For Ever -en un duelo siempre picante-, equipo que encima venía en los puestos de arriba.



Pero dando una muestra de gran solidez, Mandiyú ganó 3 a 1 en Resistencia (con doblete de un Marrero que esa tarde metió el 33% de los goles que hizo en todo un año y el infaltable gol de Oddine) y le demostró a todos que estaba más vivo que nunca y quien era el más poronga (?) del noreste argentino. ¿Se habrán relajado luego de ese triunfo? Quien sabe, pero lo concreto es que a ese éxito le siguieron muchos empates: sorpresivo 1 a 1 ante Defensa y Justicia en Corrientes, más llamativo aún 0 a 0 en General Pico ante un Ferro que terminó anteúltimo, 2 a 2 con un “Funebrero” (que pese a la buena primera rueda no entró a la liguilla) como local y 1 a 1 en Santiago del Estero ante un Central Córdoba que andaba en mitad de tabla. 34 jornadas habían transcurrido hasta ahí. Tanta igualdad había complicado a Guerra y sus pupilos, puesto que de llevar 4 puntos poco tiempo antes, ahora Quilmes y Cipolletti estaban a un par de unidades… a esa altura ya se sabía que de esos tres nombres saldría el campeón, en virtud de que Belgrano y Chaco For Ever venían a lejanos 7 puntos de la cima.



¿Cómo abandonar esa nefasta racha de empates? Un 7 a 0 no estuvo nada mal, por cierto. Los correntinos destrozaron como local al Dep. Maipú, partido en que su arquero Medrán se dio el lujo de hacer un gol desde su propia área (!) para destrabar la paridad, gracias a la inestimable ayuda del viento y el pésimo cálculo de su colega Murcia. Cabe destacar que 15 años más tarde su hijo Ezequiel lograría ascender a la “A” siendo golero del Atlético de Rafaela, constituyendo el de los Medrán un caso único hasta el día de la fecha en el cuarto de siglo que tiene de vida la categoría, el de un padre y un hijo logrando subir a la “A”…



Pero el QAC también ganó y seguía siendo una molestia, aunque con su empate, Cipo quedaba a 3 puntos y empezaría lentamente a dejar el título en un mano a mano entre correntinos y bonaerenses.



Todo pareció complicarse en la fecha 36, cuando el puntero empató 1 a 1 en su visita a Temperley (que entre 1983 y 1987 había jugado en la elite, pero se aprestaba a vivir la peor época de su historia) y el “Cervecero” ganó, quedando a un punto nada más. En la siguiente jornada ambos se impusieron -Mandiyú superó 2 a 0 al “Pirata” cordobés-, pero luego los del sur empataron en el “Tomás A. Ducó”, mientras que el cuadro correntino le ganó 2 a 1 al Dep. Italiano en condición de visitante, gracias a los goles de Pedrito Barrios y “Coquito” Rodríguez.



A falta de cuatro fechas el team de Guerra era puntero en solitario con un par de unidades de diferencia, algo que se mantuvo luego de la 39º, jornada en la que se impuso 1-0 como local (con gol de Attadia, quien en el ´85 había participado del ascenso de Racing Club) a los vecinos misioneros de Guaraní A. Franco, uno de los tres clubes que terminaría descendiendo.



Cuando todo el mundo se frotaba las manos esperando el duelo que en la fecha 41 sostendrían los dos candidatos a la corona (para colmo, en el sur del conurbano), el fin de semana previo ninguno de los dos pudo vencer: pero mientras que el líder empató sin goles en Lanús, QAC perdió en su visita a Chaco y llegó herido al gran choque de la penúltima.



La tarde del 21 de mayo de 1988, en el viejo estadio de Guido y Sarmiento, Mandiyú estaba de cara a la gloria, sabiendo que con un empate ante el escolta daba la vuelta olímpica. Al cabo de un partido jugado con mucho nervio, de bastante roce -hubo tres expulsados por lado (!)- y muy poco fútbol, el marcador quedó 0 a 0 luego del pitazo final de Ricardo Calabria; así el representante del orgullo correntino pudo dar rienda suelta al festejo de los miles de hinchas que habían llegado hasta el centro de Quilmes. Ese día inolvidable, Guerra mandó a la cancha a: Medrán; Urbina, Cáceres, Barrios, Martínez Tapi; Basualdo, Elio Rodríguez, Attadia (luego sustituido por Marrero); Cañete; Oddine y Daniel Rodríguez.



Así, el viejo Deportivo lograba llegar a un torneo “largo” de la máxima categoría por primera vez en su historia -había tomado parte del Nacional de 1974-, y por su parte el viejo Juan Manuel conseguía el tercer ascenso de su carrera a la elite, repitiendo lo hecho antes con el “Calamar” y el “Funebrero”.

En la última fecha fue todo celebración ante su propia gente y el equipo volvió a empatar sin goles, esta vez contra un Cipolletti que coronaba una excelente campaña y se clasificaba en el tercer puesto final.



Con 20 triunfos, 18 empates y sólo 4 caídas, con 54 goles a favor y apenas 24 en contra (tuvo la defensa menos vencida), ese Mandiyú que se había armado bien pero que no estaba en los planes de casi nadie para ser campeón al comenzar la temporada, se aseguraba un lugar en la historia grande de nuestro ascenso.

Después vendrían los 7 años en la Primera División -logrando jugar en más de una ocasión la recordada liguilla Pre-Libertadores-, el descenso en 1995 y la desaparición casi simultánea, luego de los pésimos manejos del gerenciador Roberto Cruz, quien le dio nada menos que a Diego Maradona su primera chance de ser entrenador, en dupla con Carlos Fren. Luego llegaría, por voluntad de viejos hinchas, el surgimiento -en 1998- del Club Deportivo Textil, al que en el año 2002 se le agregaría la palabra “Mandiyú” en su denominación, siendo esta una institución que participa desde hace tiempo, sin mayor fortuna, en el Torneo Argentino “B”.


Y si bien, en estos días parece que se viene el renacimiento del “Albo” original, hoy es tiempo de recordar a este gran equipo de nuestro ascenso, que con la mezcla justa de calidad y sacrificio, de experiencia y juventud, dejó bien alto el orgullo futbolero de una provincia… gloria eterna al Deportivo Mandiyú 1987/88.

Corrientes Deportiva

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